Imagen de la pelicula "HAsta que llegó su hora"

Por Rubén García

Hace un tiempo les hablaba de la gran película Casablanca, y hoy quizás inspirado por la triste y aún reciente desaparición del gran ENNIO MORICONE, uno de los más grandes compositores de bandas sonoras, se me viene a la cabeza una de las películas a las que él puso sonido y casi alma, que no es otra que “el bueno, el feo y el malo”.

La única cuestión, es que, para darle más gracia, voy a cambiar el título por el de “el bueno, el malo y el lento”.

No me digan que no. Seguro que les ha pasado. Van jugando en un flight con un jugador que podemos calificar como bastante competente, vaya que Juega bien, ahí tenemos al bueno. Después estamos nosotros, que en ese momento como el otro juega bien y no tenemos el día, pues nos asignamos la figura del malo. Hasta aquí bien, pero ahora viene el lento.

El lento, es uno de los personajes que pululan por el mundillo golfístico más desesperantes. Me explico, no es que al golf se deba jugar corriendo, que no, pero tampoco puedes tener una pachorra más grande que tu sombra.

En general, yo he detectado tres tipos de “lentos”: el pachorrúo propiamente dicho, el del guineo y el albañil.

Empecemos por el pachuorrúo. Como su nombre indica se trata de un jugador con gran pachorra. Según el diccionario, la pachorra es sinónimo de flema, tardanza o indolencia. Seguro que conocen a alguno que se da cuenta de que le toca darle a la bolita porque sus compañeros de flight se lo hacen saber, que es capaz de tardar tres minutos en ponerse el guante, que después se plantea el palo a utilizar, lo coge, se lo vuelve a plantear y lo cambia, para posteriormente cuando llega al green, igualmente hay que recordarle que le toca, entonces coge el putt, se dirige a su bola, y se da cuenta que tiene el guante puesto, pues a quitarse el guante. Eso, si no se le ha quedado la bola en el rough justo antes del green, y cuando llega putt en mano se da cuenta que mejor chipea. Vuelta atrás a coger el hierro para chipear…y a ponerse el guante otra vez. Y así podríamos seguir contando. A todo esto, los demás jugadores empiezan a ponerse un poquito de mala leche tras vivir lo mismo hoyo tras hoyo, y es cuando alguno de ellos suelta eso de ¡fuerte pachorra!

Sigamos con el del guineo. Según el Tesoro Lexicográfico de Español de Canarias, el guineo es una canturria continua, monótona y fastidiosa. También se define como una repetición molesta, monótona e inoportuna. Pues eso, ¿Cuántos jugadores conocen que hacen lo siguiente? Antes de darle a la bola hacen ciento quince suines (sí, el plural de swing, pero en canario) de prácticas, por fin se ponen sobre la bola, y entonces…vuelta a empezar…una y otra vez hacen lo mismo, el mismo repertorio, el mismo guineo. Está claro que es positivo tener un PROTOCOLO a modo de ritual. De hecho, muchos profesionales tienen el suyo, también en otros deportes, no hay sino que ver al gran Rafa Nadal cada vez que le toca sacar, hace toda una serie de gestos, se toca la oreja, el pelo, etc. lo cual suponemos le ayuda a mantener la concentración. La cuestión, es que no se convierta en un lastre, para los demás o para uno mismo. En caso contrario, nos dirán aquello de ¡fuerte guineo!

Por último, tenemos al maestro albañil. Sí querid@s, en el golf tienen cabida todas las profesiones, pero en este caso no se trata de profesionales de la pala y la mezcla, hablamos de jugadores que cuando llegan al green, no sólo estudian las caídas, lo cual está muy bien, sino que gastan un tiempo enorme en mirar desde todos los ángulos posibles las caídas, las vuelven a mirar, tan solo les falta sacar la plomada y el nivel, para después de todo ese tiempo, patear y …que la bola pase a tres metros del hoyo.

En definitiva, mantener un ritmo de juego es importante, como dije antes, a nadie se le pide que corra, pero pachorrúo tampoco oiga.

 

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