Por José Royo.

Os cuento lo que ha pasado hoy en el Real Club de Golf de Tenerife. Se disputaba un torneo de caballeros y damas senior y el día no acompañaba. Brisa, fresco y lluvia acompañaban el juego. 

En un momento dado, cuando la primera partida iba por el hoyo 16 y aún quedaban por salir varias por el tee del 1, una niebla muy intensa se apoderó del campo, haciendo imposible continuar jugando. Con buen criterio, el Presidente del Comité de Competición del Real Club de Golf de Tenerife D. Cándido Ruano, tocó la bocina para decretar una suspensión temporal del juego, permaneciendo los jugadores en el hoyo que estaban disputando. Pero la realidad fue otra muy distinta. Como también comenzó de nuevo a llover lo que muchos jugadores hicieron fue abandonar definitivamente y retirarse de la competición. 

Menos de 10’ después de haberse decretado la suspensión del juego la niebla se disipó por completo y paró de llover, lo que motivó que de nuevo D. Cándido Ruano tocase de nuevo la bocina para reanudar el juego pero esta vez con un 40% menos jugadores. Incluso el sol hizo acto de presencia aunque por pocos minutos porque una hora más tarde la lluvia volvió a caer de nuevo pero con mucha menos fuerza. Podríamos decir que era llovizna.

Lo sorprendente es que al llegar a la Casa Club, muchos jugadores se negaban a salir porque estaba lloviendo, haciendo que del total de inscritos entre los que se retiraron más los que se negaron a salir no acabasen la prueba ni el 60%.

Si esto llega a pasar en un campo del Sur de la isla hasta se entiende. Allí no llueve casi nunca y las bolsas de los jugadores no están preparadas para la lluvia y el frío. Pero en El Peñón, donde en otoño e invierno un día llueve y el otro también, ver estas cosas asombran, sobre todo porque las condiciones de hoy no eran ni mucho menos para retirase de la prueba. En ese campo se han jugado torneos con climatología adversa de verdad, como una segunda ronda de una Copa Peñón de hace unos años en la que el viento, la lluvia y el frío hizo que los resultados fueran muy altos y absolutamente todos los jugadores acabáramos mojados (los trajes de agua hicieron su función las primeras 3 horas de juego) y con un frío metido en el cuerpo que no desapareció hasta pasadas un par de horas después de acabar y pasar por la ducha y la chimenea del club. 😉

La pregunta que me hago es ¿nos hemos acomodado los jugadores de golf a jugar siempre con buen tiempo?

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