Aprovechando este puente,,, nuestro amigo Rubén García nos envía  este pequeño pensamiento para su peculiar teoria sobre el golf.

No seré yo el que diga que todos lo hemos exclamado alguna vez, pero fijo que muchos sí, incluyéndome, y a buen seguro que, si no lo han hecho, sí que lo han oído, aquello de: “la última copa fue la que me mató”.

La referencia es clara, después de una noche de fiesta y de tragarse seis cervezas y otros seis gin-tonics, los hay que tienen la argucia de decir que la última copa fue la que les sentó mal, que si por eso se pusieron malitos, que si la resaca…y ustedes dirán, ¿y qué demonios tendrá esto que ver con el golf?

Pues se los explico. Torneo tras torneo escucho las mismas palabras, “si no llego a fallar el último putt…”, “el putt que fallé en el 18…”, y otras expresiones por el estilo, como queriendo decir que hubiesen ganado, porque quedaron segundos por un golpe, o que hubiesen cumplido con su hándicap, o le hubiesen ganado la apuesta a un amigo, por ese simple golpe. En realidad, cuando alguien nos dice eso, o cuando nosotros lo decimos, no estamos siendo en absoluto objetivos.

Resulta cuando menos curioso, que después de haber hecho no sé cuántos bogeys, algún doble bogey o lo que fuera, fallando salidas, approachs o putts, al final le echemos la culpa al último putt, o bien a un golpe fallido en concreto.  Básicamente a mí me suena a autoengaño, y sin necesidad de ser un especialista en rendimiento deportivo, supongo que, si no somos sinceros con nosotros mismos para así poder analizar nuestros fallos y por lo tanto saber dónde debemos mejorar, nos será realmente difícil superarnos.

A algunos les vale, se sienten mejor dentro del desánimo de no haber jugado del todo bien, para otros en cambio supone una decepción, porque creen que su derrota se debe a un solo golpe y eso les hace pensar que jugaron mejor de lo que realmente lo hicieron. En cualquier caso, parece que lo que ocurre, es que no son conscientes de su mal juego, igual que el que se toma más copas de la cuenta y le echa la culpa a la última y no es o no quiere ser consciente del río que se había bebido antes.

¿Entienden ahora la relación entre las copas y el golf?

Así que, por si las moscas la última me mata, ¡viva la penúltima!

1 COMENTARIO

  1. Muy buena reflexión… cierto que a veces le echamos “la culpa” de la mala tarjeta a un golpe en concreto que se nos ha quedado en la mente por alguna razón… cuando en realidad la partida ha sido una concatenación de errores. 🙂

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