Por Francisco González, Entrenador de Golf de la WGTF – World Golf Teachers Federation y Mental Coach del Golf Psychology Coaching Certificate de la National Training Academy – European PGA.

Hay dos mundos en el golf, el profesional y el amateur. Para este último, el golf se nutre de la frustración y de la impaciencia, de las imposibilidades y los obstáculos, ya sean físicos o mentales, viene a ser como una especie de gozo sádico. El golf amateur es un deseo íntimo e inconfeso de hacer pocas, de ganar o ganar, de tener reconocimiento y aplauso, de bajar handicap… suele ser todo eso antes que un placer individual o en compañía para disfrutar del éxtasis de vivir la vida.

El golf es, también, un universo de dudas, temores, miedos, ansiedades, vanaglorias, egos, alegrías y utopías que se agolpan en el cerebro y que laten en cada corazón y en cada rincón del campo. En cierta medida, el golf nos sumerge en un mundo distópico donde ya nada puede ser como fue en la última gran partida que jugamos, ni como el último gran drive que hicimos, pues no son más que un recuerdo evanescente al que nos aferramos como la última posibilidad de hacer una gran vuelta o un gran swing.

Pero la inmanencia del golf no solo reside en todo esto, sino que también anida en la búsqueda incansable de una perfección inexistente, una perfección cuyo misterio y magia reside en la promesa eterna de que lo harás bien, de manera que solo cuando aceptemos y abracemos esa tenue y sutil esperanza sin esperar recompensa alguna, será que podremos gozar de la paz y la concordia con la naturaleza, con nosotros mismos y con los demás.

En realidad, el golf es como la vida, nunca sabemos qué va a acontecer pero nos empecinamos en recorrerla intentando hacerlo bien o no queriendo hacerlo mal. Tal vez el secreto de la vida, como el del golf, resida en esa dualidad irresoluble, en esa pulsión doble que nos empuja a intentarlo una y otra vez. La existencia y el golf son como son, y de cada uno de nosotros depende el que sucumbamos a la decepción o a celebrar el disfrutar de la vida (y del golf) tal y como acaece, tal y como se nos presenta.

En esta extraña Navidad que nos ha tocado vivir, espero y deseo que todo vaya mejor y que el nuevo año sea para todas y todos nosotros y para nuestras familias, un año en el que sepamos encontrar el camino hacia la paz, la armonía y, sobre todo, el disfrutar de salud y el bienestar individual y común.

Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo.

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